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ABC en la Argentina. Nuestros emigrantes.

Llegan los barcos repletos de gente, como si Europa quisiera vaciarse en América. El puerto de Buenos Aires, en esta época del año, es un jubileo de peregrinos de la ambición. Ya no vienen multitudes de italianos, como antes; quienes vienen en montones son nuestros compatriotas.

Se les ve divagar por la ciudad, con su aire encogido de aldeanos. Al punto se les distingue: el español es un hombre vestido con pantalones de pana y boina metida hasta las orejas. Nadie viste paño de pana más que los españoles; se ha hecho nuestro uniforme nacional. En cuanto a la boina, los vascongados la han extendido a Castilla, Aragón, Rioja, Asturias y parte de Galicia. Algunos gallegos se obstinan aún con sus sombrerones de alas anchas y los andaluces gustan de calarse el sombrerillo plano; valencianos y catalanes, gorra de forma híbrida, que ni es inglesa ni castiza. En esto nos llevan ventaja los italianos: el italiano, por zafio y sucio que sea, tiene el don artístico de saber coronar bellamente su cabeza; tiene el secreto de darle a su sombrero la flexibilidad debida acomodarlo con gracia sobre su cráneo rizoso.

Antes que la vida los coja entre sus problemáticos brazos, los inmigrantes vagan de aquí para allá, abriendo sus bocas estupefactas ante las maravillas de la ciudad inmensa. Han saltado de la aldea a la metrópoli argentina. Todo les es sorprendente y extraño. Les intimidan los coches, los tranvías, la gente veloz y atareada.

Las mujeres se prenden de la mano de los hombres, y para pasar de un lado a otro de la calle, salen corriendo en pelotón, todos asustados como pollitos.

Masters of Photography - Manuel Ferrol

Video de Abalom 2 de su Canal Youtube

Lloraba, lamentaba, ... con tristes versos, nuestra poeta gallega más universal, Rosalia de Castro, como los hijos de su querida Galicia abandonaban su hogar para irse en busca de una vida mejor a las tierras de ultramar.

Se fueron a hacer las Américas”, era una de las expresiones coloquiales utilizadas para definir la gran emigración española (de finales del siglo XIX hasta mediados del XX) hacia la América latina, principalmente a Cuba, Brasil, Uruguay y Argentina.

La posibilidad de hacer fortuna en aquellas tierras, la esperanza de una mejor vida lejos de la tierra que los vió nacer: gallegos, catalanes, vascos, andaluces, canarios ...  todos aquellos que desde su España no vieron un futuro para su mujeres e hijos, en sus ciudades y aldeas; los relatos que escuchaban de riquezas, la inmensidad del territorio y sobre todo, por el espectáculo de los indianos que volvían a España "cubiertos de oro", les embriagaba la oportunidad de "hacer aquellas Américas", embarcádose en una travesía que el futuro de cada uno de ellos, decidiría.

En Argentina, por ejemplo, el número total de inmigrantes que llegaron en el período 1920-1930 fue de 1.610.000 personas. Después de EEUU, Argentina constituía el país más importante que en esos años basaba su desarrollo en la inmigración. Algunos estudios citan que para 1920, un poco más de la mitad de quienes poblaban la capital, Buenos Aires, eran nacidos en el exterior.

Respecto a esa inmigración recibida, citaba el escritor argentino D. Jorge Riestra: "Venían a sobrevivir, a intentar vivir una vida mejor, a hacer fortuna, por qué no, algo les habían contado de la generosidad de estas tierras, de la abundancia que desbordaba en las manos de quienes la trabajaban. Cuando se les hablaba del Nuevo Mundo, ellos pensaban en un Mundo Nuevo … "

También escribió Silvia Fesquet (redactora del Diario Clarín):  "de alguna manera, los acompañaba la esperanza, aún teñida del dolor de dejar atrás pasado, historia, familia, amigos, afectos y recuerdos. El dolor no era poco pero el equipaje que cargaban –liviano, muy liviano- estaba amarrado con sueños, ilusiones y mucha esperanza: la de encontrar amparo o un destino mejor, la de volver y devolverse a esa tierra que, por razones distintas, ahora los expulsaba".

Es nuestro propósito desde esta web de Prada hacer un reconocimiento, un homenaje a todos aquellos que dejaron hace tantos años el lugar donde nacieron, para buscarse, labrarse, … un futuro mejor en aquellos países que compartían con nosotros una misma lengua materna, en la América del Sur.

Nuestro deseo es recordar a los que “echaron raíces” por aquellas tierras y nunca más volvieron pero también a los que probaron fortuna y que con ella o no, decidieron volver a su lugar de origen.

Para ello, hemos creado las siguientes secciones:






D. Manuel Ferrol.

El fotógrafo que supo captar toda la amargura de la emigración.

D. Manuel Ferrol (Cabo Vilano, 1923-A Coruña, 2003), con 27 años montó su primer taller fotográfico en Betanzos y se ganaba la vida a través de los retratos que realizaba a niños y adultos en fotografías de estudio.

El 27 de noviembre de 1957 fue contratado por la Comisión Católica de Emigración para realizar un reportaje fotográfico sobre un embarque de emigrantes en el que iba a ser el último viaje del barco "Juan de Garay" desde el puerto de A Coruña.

Lo que en principio parecía un simple trabajo rutinario más, acabó por convertirse en la génesis de un conjunto de fotografías que dieron la vuelta al mundo, bajo el título de “La Emigración”.

Una de las fotografías más emblemáticas de la emigración que vivió la población española durante las décadas de los 50 y 60 principalmente, es "Padre e hijo llorando. Despedida de emigrantes", la imagen de un padre y su hijo en la Estación Marítima de La Coruña, en 1957, que ha quedado como una de las escenas paradigmáticas de la emigración.

Este vaise i aquel vaise,

e todos, todos se van,

Galicia,sin homes quedas

que te poidan traballar

tés, en cambio, orfos e orfas

e campos de soledad,

e nais que non teñen fillos

e fillos que non tén país.

e tés corazón que sufren

longas ausencias mortás,

viudas de vivos e mortos

que ningúen consolará.



Vendéronlle os bois,

vendéronlle as vacas,

o pote do caldo

i a manta da cama.

Véndéronlle o carro

i as leiras que tiña,

deixárono soio,

coa roupa vestida.

María, eu son mozo,

pedir non me é dado,

eu vou polo mundo

pra ver de ganalo.

Galicia está probe,

i á Habana me vou...

¡Adios, adios, prendas

do meu corazón!


Las mujeres castellanas se señalan por sus peinados seculares: un peinado de trenzas delgadas, muy prietas, que convierten la cabeza en una cosa menuda y deleznable como un pepino.

Traen todavía las faltas huecas y cortas, y los zapatos de punta chata, y el pañuelito ceñido al busto, de manera tan sabia, que toda la gracia redonda del busto femenino desaparece bajo la inútil rigidez del pañuelito.

A los catalanes no hay que preguntarles por su procedencia: ellos se encargan de mostrar su cédula de identidad, con su lenguaje voluminoso, pronunciado bien alto por calles y cafés. Los cafés se llenan de españoles, particularmente los del centro de la ciudad. Y ésta es otra característica del español, el cariño que siente por el café; no el café como bebida, sino como lugar de ocio y conversación. También le gusta al español pasear por la parte céntrica de la ciudad. Los individuos de las otras naciones bajan del vapor y desaparecen en los suburbios; el español, antes de sumergirse en los arrabales o en el campo, se exhibe por el centro más elegante de la población. ¿Por qué es esto así?. No se sabe. Quizá un sentimiento instintivo de democracia; tal vez una necesidad de contacto social o el vicio de vivir en plena calle, como los griegos.

Entre los inmigrantes que llegan, abundan los labradores y braceros. Van a contratarse como peones en el campo, donde les aguardan las faenas de la recolección. Invaden las estaciones de ferrocarril, llevando a las espaldas un fardo que les sirve de maleta. Algunos he visto que acarreaban al hombro las clásicas alforjas, pintadas de colorines, y que aquí producen un efecto tan raro, como si se tratara de cosas morunas, y en efecto, las clásicas alforjas de nuestros campesinos deben de ser herencia mahometana.

Cuando logran congeniar varios de estos hombres, forman un grupo o cuadrilla y marchan juntos hacia el interior del país. Así consiguen protegerse, calentarse, contrarrestar la dureza del éxodo. Ultimamente descubrí a uno de estos grupos de hombres, agobiados bajo el peso de sus fardos, en marcha hacia una estación, de noche: uno de ellos tocaba el acordeón, y al compas de la música, caminaban ….

Pero todos estos hombres necesitan cursar un aprendizaje riguroso antes de que puedan recoger los frutos de la emigración. Vienen a la siega. Sólo que aquí las faenas agrícolas se ejecutan a base de máquinas; la hoz no tiene aquí aplicación. Y la máquinas son arrastradas por caballos. Pues bien, los hombres que llegan no entienden de máquinas; muchos de ellos no entienden tampoco de caballos. Un agricultor, amigo mío, me decía que acababa de contratar seis peones aragoneses y que no sabía que hacer de ellos, porque ninguno era diestro en manejar caballos, mucho menos los caballos ariscos que aquí se usan. Lo cual demuestra, en fin, que a nuestros emigrantes nadie les ilustra o asesora; salen a la buena de Dios y el contacto con la realidad, siempre amargo, se encarga de ponerlos en situación de competencia, después de un período largo de adaptación.

Jose Mª Salaverria
Buenos Aires, Diciembre 1911


Pocas imágenes como esta, pueden mostrar la desolación, la tristeza, el temor de la separación.

Parece ser, que en ocasiones se reprodujo eliminando de ella al cura que aparece a la derecha, hay que suponer que para suprimir una referencia religiosa no deseada. En cualquier caso, Manuel Ferrol alcanzaba con esta imagen resumir con el mayor dramatismo una de los problemas más acuciantes de la Galicia del siglo XX: la emigración.

La imagen de Xoan Calo y su hijo Xurxo, se publicó por primera vez en junio de 1958 en “Galicia Emigrante”. Ocho años después en “Galicia Hoy” junto con otras seis del mismo reportaje, y empezó a convertirse en icono (y denuncia) de la emigración gallega. Estas fotografías están permanentemente expuestas en el Museo de la Fotografía de Columbia, en Estados Unidos.

Toda su obra póstuma la podéis contemplar en la web

Mi abuelo, Juan Álvarez Fernandez (1899 -1972) dejó ya muy de joven su Galicia natal, al emigrar con solo 17 años a Cuba. Allí trabajó durante 4 años, principalmente en la recogida de la caña de azúcar. Fueron años muy duros para un joven que nunca había salido de España y lo más lejano a donde acudió a trabajar era en la cosecha de trigo en los campos de Castilla. Recuerda mi padre que mi abuelo le decía que en su estancia en Cuba tuvo hasta Negros … los cojones de tanto trabajar.

Desconozco cuales fueron los motivos por los que se marchó tan joven a Cuba quizás, entre otros, evitar un Servicio Militar de 3 años, un tiempo en el que no podría aportar dinero a una familia numerosa como era la de mi abuelo. Pero al volver de Cuba, tuvo que “cumplir con la patria” y como premio fue destinado al antiguo Sahara Español, donde aún se desarrollaba la llamada Guerra del Rif o de Marruecos. A su regreso a Prada, se casó con mi abuela Rosa González y al poco tiempo tuvieron a su primer hijo, mi tía Joaquina.

Pero la vida en Prada, como en muchas otras aldeas gallegas, era difícil; ganarse la vida con la labranza en unas tierras heredadas con el sistema del minifundio que reducían su explotación, apenas con un par de vacas para llevar el carro y algunas ovejas y cabras, no era el paradigma de futuro que quería mi abuelo para su mujer e hija.

Quizás al recordar la vida en una ciudad, como era la Habana, donde trabajando duro cabía la posibilidad de crearse un futuro mejor que en su pequeña aldea, le hicieron partir desde Vigo, un 21 de noviembre de 1927, con 28 años, con destino a Buenos Aires en un viaje marítimo de 15 días en el Buque Vapor Cap Arcona.

Allí estuvo 6 años trabajando de cocinero, para uno de los mayores terratenientes de Argentina. Recuerda mi padre, que mi abuelo le decía que su Señor le comentaba que cualquiera de sus tierras eran tan grandes como toda la provincia de Ourense.





Advertencias útiles a los emigrantes que se dirijan a la República Argentina.

Ante la frecuencia con que se presentan emigrantes para la República Argentina exhibiendo, por desconocimiento de las nuevas disposiciones de ese país, los certificados que se exigían anteriormente a los pasajeros de cualquier clase sobre salud mental, no ejercicio de la mendicidad y aptitudes para el trabajo, se advierte de nuevo que la Dirección general de Inmigración de la Argentina acordó no ser necesarios tales documentos, y que “los emigrantes españoles quedan exceptuados del certificado de no procesamiento, siempre que los datos que deben consignarse en la página 5ª de la Cartera de Identidad del emigrante estén debidamente cumplimentados”.

Y con objeto de evitarles los perjuicios a que se exponen aquellas personas que no estando capacitadas para ser admitidas en dicha República se empeñan en emprender el viaje a ella, se advierte que las circunstancias que impiden la entrada de pasajeros en este país son:













Al preparar el viaje.

El emigrante debe tener en cuenta que el equipaje que habrán de transportarle obligatoriamente las Compañías navieras por el precio del billete podrá llegar, cuando menos, a 100 kilogramos, sin que su volumen sea superior a medio medro cúbico. Cuando el equipaje alcance esas proporciones de peso y tamaño, máxime si está reunido en un solo bulto, no podrá ir junto a su dueño, por no tolerar la capacidad ni los espacios libres que deben quedar en los sollados o en los locales donde se da acomodo a los emigrantes, el amontonamiento de baules y fardos que aminorarían el obligado cubo de aire respirable y sería estorbo para el tránsito sin peligro ni apreturas. Por eso los equipajes de cierto tamaño se almacenan en las bodegas del buque, y el emigrante no suele verlos ya hasta el momento del despacho de Aduanas en el puerto de destino; contingencia que aconseja la adopción de las siguientes elementales previsiones:

No meter en los baules ni en los bultos, que por ser grandes, hayan de encerrarse en las bodegas, las ropas y los objetos de usos preciso, ni víveres para el camino, puesto que no les será dable consumirlos; ni metálico, ni efectos de valor.

Acondicionar, en cambio, en maletas o hatijos que por su tamaño se admiten en los dormitorios, una muda de ropa blanca por persona, cuando menos; los efectos de uso personal; jabón de aseo y lavado de ropas, pues adquirirlo a bordo es difícil o es caro; las prendas de uso exterior con que piensen desembarcar, y las precisas para prevenirse contras las alteraciones climatológicas de un viaje por latitudes diversas. En ese aspecto, los emigrantes que se dirijan a América del Sur deben recordar que allá las estaciones tienen rotación opuesta a la de aquí; que cuando en España es invierno, en la Argentina, por ejemplo, es verano y viceversa, con cuyo recuerdo sabrán evitarse las molestias y riesgos a que se exponen embarcando en pleno verano sin otra defensa, contra un frío para ellos inopinado, que un simple traje de dril, o en pleno invierno, sin otro alivio contra el calor ecuatorial y la alta temperatura que encontrarán a su arribo, que la compañía inseparable de un traje de pana y recia manta.




El Vapor Cap Arcona, un buque rápido de 27.500 toneladas de carga, la nave almirante de la flota de transantlánticos de la HSDG de Hamburgo. Un buque botado el 14 de mayo de 1927 que fue llamado el Queen Mary de su época.

Un barco que se recordará por el trágico final de sus días, al acabar en 1945 como campo de concentración para 4.000 prisioneros rusos y polacos. A los pocos días de acaba la II Guerra Mundial y en un histerismo cobarde, suicida, exterminador, los tripulantes de la nave, al mando de las SS alemanas, zarparon ondeando la bandera nazi buscando el encuentro bélico con las fuerzas aliadas.

Este se produjo con la aviación inglesa que desconociendo la carga “humana” que llevaba y para responder del fuego enemigo, bombardeó el buque hundiéndolo. 

De los 4.000 prisioneros, solo sobrevivieron 345. He aquí un relato de lo sucedido.


Ojalá me llegarán los recuerdos de mi abuelo en aquellos años: un emigrante que supo hacer su pequeña fortuna en una Argentina, tan y tan grande y con tantos, tantos emigrantes: españoles, italianos, ... 

Parece ser que mi abuelo quería que su mujer e hija también fuesen a la Argentina pero mi abuela estaba al cuidado de mis bisabuelos y de sus tierras y ganado, cosa que dificultó también su emigración. 

Y fue, la muerte de mis bisabuelos los que provocaron el viaje contrario, el regreso de mi abuelo a Prada por la necesidad del cuidado de la casa, de las tierras y ganado. En parte, fue una renuncia al objetivo que se marcó al marchar del pueblo: volver a él después de haber trabajado y vivido en una gran ciudad como era Buenos Aires donde ganaba dinero para subsistir y ahorrar; pero tenía la compensación de regresar al lado de su mujer e hija, por lo que se quedó definitivamente en Prada, no volviendo a emigrar. A los pocos años, aumento la familia con mi tío Francisco y a mi padre Aquilino.

Durante sus años de trabajo en la Argentina pudo, a parte de los envíos monetarios que hacía a su familia, obtener un pequeño capital que le permitió la compra de nuevas tierras y la construcción de su propia casa en Prada.

Siempre me ha sorprendido, el dineral que tuvo que gastar mi abuelo para la compra de aquellas tierras. Unos terrenos en las que ahora nos dan, a cambio de su pastizaje: miel, chorizos, … y gracias, porque si no ya serían monte perdido.  El minifundio de las tierras como sucedía en Prada, hacían que estas fuesen escasas y muy “cotizadas” ya que como hemos visto la subsistencia en Prada se basaban en la disponibilidad de tierras para la labranza y del pasto del ganado. En los años 40-50 del siglo pasado, el pueblo de Prada como la gran mayoría de aldeas gallegas, no eran como ahora las conocemos, prácticamente deshabitadas y con unos habitantes octogenarios, aún no se había producido la gran emigración nacional y europea de nuestros padres, tíos, …, eran pueblos con mucha vida y por ello el precio de venta de esas tierras era tan alto, un ejemplo de ello fue la adquisición de casi una hectárea de verde pasto en la zona de Oleiros por las que pagó 57.000 pts (343 euros) en 1961.

Mi abuelo Juan ya no volvió a emigrar, pero siguió trabajando sus tierras y también, como casi todo lugareño de la zona de Valdeorras, estuvo en la construcción del pantano de Prada, a cargo de la empresa Moncabril.

Y él, a igual que ocurrió con sus padres – mis bisabuelos, también tuvo que ver con sus ojos como se marchaban sus hijos de Prada a la búsqueda de un sustento, de un porvenir, fuera del pueblo, ya fuese en Francia, Alemania, … o a cualquiera de las grandes ciudades españolas, en este caso a Barcelona.

Foto de mi abuelo, D. Juan Alvarez Fernandez
en Buenos Aires  Argentina - 1928

Cuando nuestros Abuelos hicieron las Américas

Videos con la Obra Fotográfica de D. Manuel Ferrol




Rosalia de Castro - "Follas Novas" 1880

Advertencias útiles a los emigrantes que se dirijan a la República de Cuba.








El "Cap Arcona": un buque transantlantico con un trágico final

Noticia del diario ABC del 22 de noviembre de 1927 anunciando el viaje del barco Cap Arcona con destino Buenos Aires; en él, viajaba mi abuelo D. Juan Alvarez.

Ninguno de sus ocupantes imaginaría el trágico final que depararía a esa obra de ingeniería naval, 18 años después.

Plano de la ciudad de Buenos Aires en 1931.

Folleto publicitacio de la joyería Casa Escasany - Buenos Aires 1931.

Recibo de Salario de la empresa Hidroeléctrica Moncabril, S.A durante las obras del embalse de Prada.

Cheques bancarios del Banco Español del Río de la Plata (1928) y del Banco Nacional de la Argentina (1930).
Estos documentos monetarios eran el vehículo habitual por el cual nuestros emigrantes enviaban "vía marítima" sus ganancias en ultramar a sus familiares en España.

Escrito del Juez Municipal del Ayuntamiento de la Vega del Bollo (1929) en el que Certificaba que D. Juan Alvarez no había estado bajo la acción de la justicia ni cumplido condena por hecho delictivo.

Un documento imprescindible para todo emigrante que quisiese entrar en Argentina.

Todo emigrante español debía acudir al Consulado de España en Buenos Aires para registrarse en él y así obtener la Cedula de Nacionalidad que le permitiría trabajar en Argentina.

Cartera de Identidad del Emigrante emitida por la Dirección General de Emigración en España.

Algunos de los requisitos exigidos a los emigrantes por las naciones de Cuba y Argentina para ingresar en su país.

Sin este Pasaporte, debidamente cumplimentado, el emigrante no podía salir de nuestro país ni ingresar legalmente en el país de acogida.

Para su validez, debía constar con una foto del emigrante, el sello del Ayuntamiento donde estuviese empadronado así como el sello de admisión como inmigrante por parte del país receptor.

Se hacía constar el país a emigrar, la profesión, el estado civíl, el lugar de nacimiento, si sabía leer y escribir, ...

Se describían las características físicas el emigrante, la firma de dos testigos con la firma del alcalde del Ayuntamiento.

Y los antecedentes penales o procesamientos judiciales.

Declaración del Vapor en el que se embarcaba (Cap Arcona), el día de salida, el importe satisfecho por el viaje (639 pts) y la categoría del pasaje (3ª).

Visado del Consulado de la República de Argentina y la conformidad de la Oficina de Inmigración por la que se permitía la salida de España y la admisión en Argentina.

A parte de estos datos también encontramos en la Cartera de Identidad del Emigrante:


Foeminas: Revista virtual de xénero da Casa da Muller do Concello de Lugo

La historia del trabajo de las mujeres en Galicia se remonta al inicio del mismo, ya que se sostenía por una agricultura primaria basada en la propiedad campesina sostenida por la mano de obra del núcleo familiar. La demanda permanente del trabajo rural producía que las mujeres trabajaran prácticamente a la par de los hombres diluyendo la antigua división sexual de roles: el hombre fuera y la mujer dentro del hogar. El trabajo que realizaban (diversificado, sacrificado, etc.), las mujeres gallegas las convirtió en no pocas ocasiones en el eje central de la economía. Desafortunadamente, se posee poco registro documental de ese proceso y por ello fue invisibilizado. Sin embargo, existen indicios que pueden dar fe de esta situación. Uno de ellos es la emigración masculina que obliga a las trabajadoras a asumir las tareas que ya le eran asignadas por su condición de género y las de su marido.

En el libro Trabajos Duros de la Mujer (1970),  Eliseo Bayo dedica el capítulo más extenso a la  mujer gallega. De esta afirma, "la mujer gallega de las aldeas del mar y del interior ha sido un rehén de su tierra. Los hombres emigran, sueñan desde niños con encarnar en ellos la aventura con final feliz de los indianos que regresaban triunfantes (…) Las mujeres no permanecieron con los brazos cruzados esperando el cambio de su situación con el regreso de los emigrados, sino que los reemplazaron desde la primera faena hasta la última".

En este sentido, es interesante subrayar el papel fundamental que ha tenido la mujer en la emigración, ya que las mujeres no sólo permanecieron al cuidado de sus casas, sino que también, emigraron solas u acompañadas, adaptándose a las nuevas condiciones laborales del país, ciudad o región que también, emigraron solas u acompañadas, adaptándose a las nuevas condiciones laborales del país, ciudad o región que las recibía.




Gallegos por el Mundo

Blog dedicado a la emigración gallega a
través de los tiempos y por el mundo entero

Un homenaje a las mujeres de los gallegos emigrantes.

De D. Rodolfo Rodriguez desde el Blog Gallegos por el Mundo

Penélope fué un personaje de la mitología griega, cuyo marido, Ulises,  abandonó su hogar para ir a la guerra de Troya, aunque con la promesa de volver.

La espera de Penélope se hizo muy larga, pasaron los años y no había noticias de su marido. Los vecinos y parientes le decían que debía de haber muerto o que se había olvidado de ella, que rehiciera su vida y se volviera a casar,  pues propuestas no le faltaban. Pero ella seguía alentando la ilusión de que su marido un día volvería y quería seguirlo esperando.

Cuando la presión de sus pretendientes era insoportable dijo que iba a comenzar a tejer un abrigo y cuando lo terminara si el marido no había regresado aún, se volvería a casar.

Pero Penélope, muy astuta, para ganar tiempo ideó el plan de desacer por la noche lo que tejía por el día. Así el tiempo se fué alargando hasta que por fin su espera y valentía tuvo su premio, Ulises volvió al hogar y la historia terminó con un final felíz.

Historias parecidas a esta vivieron muchas mujeres, madres y esposas  de los miles de emigrantes gallegos que abandonaron su hogar para ir al encuentro de un futuro mejor en tierras lejanas.

La modalidad del emigrante casi siempre era la misma, como los recursos eran muy escasos y no había mucha seguridad con lo que se iban a encontrar en el destino elegido, el hombre  era quien marchaba primero,  solo, dejando a esposa he hijos en su aldea natal, con la promesa de que pasado algún tiempo les reclamaría despues de acomodarse en el nuevo país, conseguir trabajo y un lugar donde poder vivir ya todos juntos, pues sin duda como los primeros tiempo eran los más difíciles siempre era mas facil que se las arreglaría mejor el hombre solo al principio.

No es difícil de imaginar las penurias que pasaban esos hombres, solos  y lejos de familia y hogar. Pero no siempre se resalta el coraje que debieron tener esas mujeres que esperaron por años la llamada de sus esposos, viendo con angustia que sus hijos crecían sin conocer muchas veces a su padre y otras veces sufriendo los rumores y malidicencias de algunos vecinos. Siempre esperando el momento del reencuentro que parecía no llegar nunca.

Quizás muchas de ellas habrían tejido y destejido muchos abrigos en esos largos años de espera e incertidumbre como lo hiciera Penélope en espera de Ulises.

Para muchas la historia acabó con final feliz, con el reencuentro de la familia nuevamente, pero tambien hubo otros casos,  que por distintos motivos, tuvieron otro tipo de desenlace no tan feliz. Por intermedio de mi madre conocí el caso de una vecina de su pueblo, llamada Visita,  esta mujer se había casado y ya tenía un niño pequeño cuando su marido decidió emigrar a Uruguay para tratar de encontrar allí un futuro mejor y luego reclamar a mujer e hijo.

Pero el tiempo fue pasando y nada fue como se había planeado, cada vez fueron menos las noticias del marido, hasta que finalmente ya no hubo cartas ni noticias.

Visita tuvo que trabajar mucho en la tierra para sacar a su hijo adelante, hijo que fue creciendo lentamente sin conocer nunca a su padre. Pero ella jamás perdió la esperanza de que su ” Ulises ” regresara, porque la esperanza es siempre lo último que se pierde en la vida.

Dice mi madre que Visita trabajaba como una negra  ” a la par de un hombre ” y que su fuerza y corage eran las armas que lograron llevarla adelante en los peores momentos.

Años despues tambien mi madre se fué a vivir a Uruguay y uno de los encargos que llevaba era de Visita, tratar de ver a su marido o si no era sí, encontrar noticias sobre el.

Ya en Montevideo mi madre preguntó por el, pero poco pudo saber, la última noticia se remontaba a años atrás y segun le dijeron se había ido para Brasil, ese era su último rastro, nadie más supo de el desde entonces.

Al pasar de los años mi madre volvió a Galicia y en la aldea se reencontró con aquella ” Penélope gallega ” que le preguntó….¿ ” non viches o meu home por ali ” ?

Despues de ese primer viaje hubo otros, cada cuatro a cinco años, y en cada uno de ellos al ver a Visita esta siempre le repetía la misma pregunta ¿ ” non viches o meu home por ali ” ?, y a todo esto ya habían pasado más de veinte años. Visitas estaba ya muy viejecita, pero aún seguía con la esperanza de que su ” Ulises ” apareciese algún día.

Ti és o milagre da terra
e, a terra é un milagre teu
mistura de mel e cerna
de fera e de anxo do ceo.

Pariches de pé o fillo,
como fan no mente as bestas.
E hoxe que volto vencido,
para que eu venza ti te deitas.

O voltar, qué che hei decir?!
Maldito o día e a hora
en que te deixei aquí
pra percurar vida fora!
O inverno da emigración
roubóunos a primavera,
quén eu era, xa non son,
e ti non és a que eras!
Xa poden os leiros dar
colleitas ben abondosas,
poden en Madrí falar
con palabras ben fermosas,
que nunca nos han de pagar
a nosa fame de outrora!



Ese extracto de una Cantiga se llama  Muller y es de Fuxan os Ventos del disco "Sementeira" de 1978. Esta dedicada a Maria y su Gaiteiro; ella se quedó sola en Galicia mientras que él buscaba el porvenir en tierras lejanas.

Cuando volvió, después de muchos años, se encuentran que los dos ya son unos viejos.

Dedicado a todas as nosas Aboas que viron partir aos seus maridos buscando aquelas Américas e quedaron a cargo do Fogar, os Fillos, as Terras, ...

Xa que estas foron:

viudas de vivos e mortos
que ningúen consolará

In memorian, a miña aboa, Rosa Gonzalez


La Realidad del Papel de la Mujer en la Emigración
bien podría ser objeto de un estudio aparte,
por Pepa Fernandez.

Las circunstancias y el momento tanto político como económico, siempre hizo que las mujeres fuesen la parte más desfavorecida de la historia de la emigración.

En la población rural como la nuestra, como en casi toda España, la sociedad alimentada por una cultura donde el hombre tenía más privilegios que las mujeres, dejaba en la sombra el papel de la mujer del emigrado, siendo el protagonista el que se va y no la que se queda. Por eso quiero hacer un sencillo repaso de lo importante que fue para la subsistencia de la familia, esa figura que lograba mantener no sólo la economía familiar sino ese sentimiento de unidad de una familia donde su miembro principal estaba ausente.

Repasemos el papel de las “niñas- madres”. Ya desde muy pequeñas, las mujeres tienen ayudar en el hogar de emigrado.

Las niñas eran los últimos miembros de la familia que podían ir a la escuela. Por prioridades primero asistían los hombres y sin embargo las niñas cambiaban su papel, para hacer de cuidadoras de sus hermanos pequeños, ya que sus madres tenían que salir a trabajar al campo. Con un poco de suerte, la época de la escuela se reducía a dos ó tres semanas, en invierno, cuando las duras nevadas no dejaban salir a faenar fuera. Con lo cual la continuidad de un curso para otro era tan relativa, que dependía de las inclemencias de tiempo.

En el aspecto económico no hay mucho que argumentar. En el hogar gallego el que organizaba, decidía y proyectaba futuro era el marido, por lo tanto cuando la mujer se quedaba sola tenía que convertirse en una auténtica ”economista” para poder salir adelante. En la gran mayoría de los casos no sólo no había dinero ,sino que no había ningún trabajo que la mujer pudiese ejercer sin dejar de atender a su familia. La subsistencia era con lo poco que había en casa y ella era la gran artífice de compaginar el trabajo en el campo, la venta de productos de cosecha propia e incluso de saldar alguna que otra deuda monetaria pendiente.

El hombre dejaba su casa, pero a pesar de la dureza de las circunstancias y el desarraigo que ello producía, no dejaba de tener su parte positiva. El conocería otras realidades, el progreso, el acceso a otras culturas y a otras gentes. Pero la mujer que se quedaba, tenía que asumir el trabajo, el ejercer de padre y madre a la vez, el de cuidadora de los mayores en situaciones a veces tan precarias que le hacían tomar decisiones precipitadas, cómo la venta de algunas cosas de escaso valor.

Las circunstancias duras y el porvenir adverso no acaban con el retorno, ya que la mujer después de pasar el periodo de ausencia, tenía que pasar el periodo de adaptación del retornado, que después de muchos años volvía a encontrase con la cara amarga de la realidad del día a día.

Yo soy de una generación que tuvo la suerte de no tener que vivir circunstancias tan duras, pero también la suerte de pertenecer a una familia donde mi abuela supo esperar a que mi abuelo recorriera las calles de La Habana, Rio de Janeiro y Buenos Aires.



Esto es un homenaje a Rosa Gónzalez y a todas las Rosas que supieron
llevar con tanta dignidad la palabra “Ausencia”, por Pepa Fernandez

"Sentada diante do lume apretoulle un pouco ao fuelle para que ardese ben a carqueixa e que escorrentase a friaxe que entraba pola gateira da porta.

Xa facía rato que escurecera e os cativos e a aboa xa levaban rato a dormir. Sentía os pés cansos e o lombo malloado  e estaba a pensar que as castañas das Cobarcas non ian servir nin para secar.

Suspirou con calma e aquel suspiro serenou un pouco o desacougo que estaba a sentir.

Mañá era domingo e despois da misa iria a falar con María para que lle escribese unhas letras o seu Juan. María fora un pouco mais a escola e facía as letras un pouco millor.

Estivera toda a tarde pensando que lle ia a contar na carta.Dirialle que que a o neno máis pequeño xa lle caeran os dentes,que se lle perdera a semente dos pimentos e que as ovellas que antes eran catro agora xa só quedan tres. Que a aboa sempre está a queixarse dos xeonllos e que polo pobo todo seguia igual. Lembraría cousas boas que o poideran alegrar.

O que non lle contaría xamaís era o triste que se sentía,a soedade que sempre tiña por compaña e como botaba de menos as suas mans fortes e encallecidas , que as veces se tornaban en as de volvoreta para facerlle coxegas.As mesmas mans que si estiveran agora exugarían as bágoas que esbaraban polas suas meixelas ata acadar misturadas cos cuadros  negros do seu mandil.

Botou a andar para cama.arrastrando a sua soedade e a sua tristura sabendo que ella nunca romperia aquel segredo que os dous se prometeran: estiveran cerca ou lonxe o derradeiro pensamento de cada día había de ser para a palabra VOLTAR".


"Sentada, delante del fuego, apretaba un poco el fuelle para que ardiese bien la hoguera para ahuyentar el frío que entraba por la gatera de la puerta.

Hacía ya rato que había oscurecido y los pequeños y la abuela estaban durmiendo. Sentía cansados los pies y la espalda magullada y estaba pensando que las castañas que tenía esparcidas en el techo no iban servir ni para secar.

Suspiró con calma y aquel suspiro serenó un poco su intranquilidad.

Mañana era domingo y después de la misa iría a hablar con María para que le escribiese unas letras a su Juan. María había ido un poco más a la escuela y hacía las letras un poco mejor.

Había estado toda la tarde pensando que le iba a contar en la carta. Le diría que a su hijo más pequeño ya se le cayeron los dientes, que se había echado a perder la simiente de los pimientos y que las ovejas que antes eran cuatro, ahora ya sólo le quedaban tres. Que la abuela siempre se estaba quejándo de las rodillas y que por el pueblo todo seguía igual. Recordaría cosas buenas que le pudieran alegrar.

Lo que nunca le contaría era el tristeza que sentía, la soledad que siempre tenía por compañía y como echaba de menos sus fuertes manos fuertes y encallecidas. Las mismas manos que sí ahora estuviesen allí, secarían las lágrimas que resbalaban por sus mejillas hasta acabar derramadas por los cuadros negros de su delantal.

Echó a andar hacia la cama, arrastrando su soledad y su tristeza sabiendo que nunca rompería aquel secreto que los dos se habían prometido: estuvieran cerca o lejos, su último pensamiento de cada día tenía que ser para la palabra VOLVER".



Queremos agradecer a Pepa Fernández, que desde Prada nos ha enviado estas maravillosas letras explicando, en un artículo: su impresión sobre el papel que ejercieron aquellas mujeres que se quedaban en casa mientras su hombre emigraba. Y en un precioso y emotivo relato, dedicado a mi abuela Rosa (mil gracias...), el sueño que tenían todas nuestras abuelas, ver a su marido regresar de aquellas tierras.

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Respecto a la educación de las niñas durante el franquismo, la escuela cumplía un papel básico en las relaciones patriarcales, asignando roles sexuales específicos a hombres y mujeres. Un simple vistazo a los libros de texto que enseñaban a nuestros padres y se les inculcaba cual debía ser su rol específico en la sociedad.

Un ejemplo claro podemos verlo en la conocida Enciclopedia Alvarez, en la cual en su capítulo dedicado a la formación político-social de los niños, dice:

"El jefe de la familia es el padre. Como tal, trabaja y manda. Trabaja para dar ejemplo y procurar el bienestar de los demás miembros; manda, para que bajo su amorosa autoridad cada cual cumpla su misión: la madre administrando el hogar y los hijos preparándose para una vida moral y materialmente digna".